Cartografía de paisajes culturales
Introducción
El Paisaje Cultural Cafetero de Colombia (PCC) es un Patrimonio Mundial declarado por la Unesco el 25 de junio de 2011 en la categoría de Paisaje cultural. Constituye un ejemplo de adaptación humana a condiciones geográficas complejas sobre las que se desarrolló una caficultura de montaña. Es una región en la que convergen elementos naturales, económicos y culturales derivados de los procesos de la colonización antioqueña y vallecaucana, con una organización territorial caracterizada por un alto grado de homogeneidad regional. En este paisaje se integran prácticas productivas desarrolladas por familias cafeteras a lo largo de varias generaciones.[1].
Las prácticas comunitarias han dado lugar a un modelo de acción colectiva orientado a enfrentar situaciones económicas adversas y a mantener actividades agrícolas en un entorno geográfico de difícil acceso. Este modelo se ha desarrollado sobre la base de la pequeña propiedad cafetera, con criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental. La configuración de este sistema ha generado un conjunto patrimonial que incluye técnicas constructivas presentes en asentamientos urbanos y rurales, así como expresiones culturales inmateriales relacionadas con el cultivo del café, manifestadas en celebraciones, prácticas sociales y expresiones de identidad vinculadas a la herencia de la colonización antioqueña.[1].
El PCC está conformado por zonas cafeteras de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca, localizadas en las estribaciones central y occidental de la cordillera de los Andes en Colombia. Una región más extensa, que incluye también parte del departamento del Tolima, ha sido reconocida como el Eje Cafetero y, más recientemente, como la Ruta del Café"), en el marco de una estrategia de promoción nacional e internacional.[1].
La economía y la cultura de esta región se han estructurado alrededor del cultivo del café desde finales del siglo , tras la llegada de pobladores provenientes de Antioquia. Procesos como la siembra de cafetales, la construcción de viviendas e infraestructura para transporte, procesamiento y comercialización del grano, y la evolución de las técnicas productivas, han contribuido al desarrollo de una organización territorial con dinámicas específicas. La interacción entre las prácticas agrícolas cafeteras, la influencia de la colonización antioqueña y la migración de pobladores vallecaucanos en los siglos y [2] ha incidido en la conformación de expresiones culturales regionales en ámbitos como la música, las danzas, las cocinas tradicionales y la arquitectura, transmitidas por medio de procesos intergeneracionales.