El valor y la conceptualización del capital
La conceptualización del capital está ligada a la conceptualización del trabajo ya que ambas codependen con la teoría adoptada sobre el valor económico de los bienes y, por tanto, con los medios para crearlos.
En los economistas llamados clásicos (Smith y Ricardo) se encontraba una posición ambivalente sobre el determinante del valor de cambio de un bien, oscilando a lo largo de sus obras entre dos opciones: la cantidad de trabajo y los costos de producción (que son valores de cambio a su vez que quedarían sin explicar: el interés del capital, el salario del trabajo y la renta de la tierra). Los problemas de la primera opción los llevarían a adoptar la segunda como “solución”: la teoría del costo sería sistematizada por John Stuart Mill en conjunto con el resto de las cuestiones tratadas por los clásicos es un esquema integral de economía política, mientras que Karl Marx insistiría en la teoría del valor trabajo pero esta vez como base para una crítica al concepto mismo de economía política.
La revolución marginalista en todas sus variantes (Jevons, Walras y Menger) reemplazó el aparato conceptual de los clásicos sobre el valor, y con este su propio concepto económico de trabajo y capital, refiriéndolo ahora a la utilidad marginal, moviendo así la determinación de la producción y la distribución a la circulación, o sea, al consumo. A diferencia de los clásicos que, o bien deducían el valor del capital físico del trabajo invertido en él, o bien del capital en sí mismo, los marginalistas lo encontraban en la utilidad misma del préstamo del capital.
Los sistematizadores de las diferentes corrientes marginalistas (Marshall, Pareto y Böhm-Bawerk) se dividieron en dos posiciones encontradas. La escuela neoclásica representada por Marshall, haciendo una síntesis entre Mill y el marginalismo de Jevons, concebiría al valor como resultado de la interacción entre una demanda basada en la utilidad del consumidor en términos marginales, y una oferta basada en los costos de producción pero esta vez no medidos circularmente desde sus precios sino desde la desutilidad marginal de los factores de producción (el salario por el sacrificio en esfuerzo y el interés por el sacrificio en espera o ahorro), volviendo así a la concepción clásica del capital pero sobre más sólidos fundamentos marginalistas. La escuela austríaca representada por Böhm-Bawerk, continuador (aunque con ciertas variaciones) del marginalismo puro y subjetivista de Menger, analizaría en profundidad la cuestión del capital, y llegaría a una definición que, aunque conciliable con los clásicos, parte de premisas distintas y más relacionables con el primer pensamiento de Adam Smith anterior a su magnus opus, con la obra de Richard Cantillon y con la misma línea continuada por Jean-Baptiste Say más afín a la posición austríaca (Böhm-Bawerk, 1884), en la cual todos los parámetros que definen los precios de los factores de producción remiten en última instancia a la demanda del consumidor que es el marco de referencia de las valoraciones en las preferencias temporales de trabajadores asalariados y prestadores de capital.
La posición de Böhm-Bawerk según la cual el tipo de interés depende de la preferencia temporal ha sido criticada por Knut Wicksell que defendió el paradigma neoclásico respecto a que este depende de la productividad del capital. Paradójicamente, la interpretación austríaca del capital terminaría siendo, a través de las obras de John Hicks sobre el particular, la más adoptada por el resto de la academia de orientación neoclásica, aunque en una forma simplificada y con importantes diferencias respecto al origen del interés (Hicks, 1973); y viceversa, la visión austríaca del capital ha tomado mayor sofisticación gracias a parte de la crítica de Wicksell (Rallo, 2014). De la misma manera, la crítica de Böhm-Bawerk a las inconsistencias lógicas de las teorías de la explotación neorricardiana y marxiana (Böhm-Bawerk, 1884 y 1896), sería la que finalmente se convertiría en prácticamente clásica debido, entre otras razones, a que es fácilmente conciliable con casi todas las posiciones tomadas en el espectro del pensamiento económico. Por esto mismo, la defensa del marxismo contra ésta se sostendría en la objeción neorricardiana de Piero Sraffa y cuya base está en la crítica de Wicksell (Rallo, 2014).
La precisa definición de Bohm-Bawerk del capital como se utiliza en los tres tomos de Capital e interés, se presenta de la siguiente manera como solución al caos de definiciones que enfrentaba la economía política:.
Luego se distinguirá conceptualmente al capital en dos elementos económicos cualitativamente distintos: el “capital-medio de producción” entendido como los bienes de producción, y el “capital privado” como derechos de propiedad sobre el capital en función de una forma de adquisición (la privada e independiente) que dependa directamente e internalice como interés la utilidad del mismo (Böhm-Bawerk, 1889).