Bóveda de cañón
Introducción
La bóveda de cañón es un elemento arquitectónico frecuente en iglesias románicas aunque ya lo utilizaban los egipcios, los mesopotámicos y los romanos. Este tipo de bóveda suele estar formada por una alineación de arcos de medio punto.
Historia
Contenido
Los romanos fueron pioneros en el uso extendido de la bóveda de cañón (una estructura en forma de túnel que se extiende en una sola dirección), que les permitió cubrir espacios mucho más grandes y duraderos que las estructuras tradicionales de columnas y techos planos.
La bóveda de cañón era poco conocida y usada por algunas civilizaciones antiguas, entre ellas las del Antiguo Egipto y Mesopotamia, fue un sistema primario de construcción con adobe, utilizado preferentemente en edificaciones auxiliares, como almacenes. La técnica surge, probablemente, de la necesidad de cubrir edificios construidos con elementos de albañilería "Fábrica (construcción)"), como ladrillos o bloques de piedra, en lugares donde escaseaba la madera. El ejemplo más antiguo conocido es una bóveda de cañón construida con ladrillos cocidos, descubierta en un ziggurat sumerio, en Nippur, que data del 4000 a. C. Las más antiguas bóvedas de cañón en Egipto se encuentran en Requagnah") y Dendera, y datan del 3500 a. C. En estos primitivos ejemplos, la bóveda de cañón fue utilizada principalmente para construcciones subterráneas, tales como desagües y alcantarillas, aunque algunos edificios del período egipcio tardío fueron abovedados también de este modo.[1] Las bóvedas eran generalmente de pequeño tamaño. Restos arqueológicos hallados recientemente en el yacimiento de Morgantina (en la provincia de Enna) demuestran que la bóveda de cañón fue también utilizada para construcciones subterráneas en Sicilia durante el período helenístico, en el siglo a. C., lo que indica que esta técnica constructiva fue también conocida por los antiguos griegos.
Bóvedas en Roma
Los antiguos romanos heredaron probablemente el conocimiento de la bóveda de cañón de los etruscos. Los romanos fueron los primeros en hacer un uso sistemático de este método en proyectos de gran envergadura, y fueron también probablemente los primeros en utilizar cimbras para facilitar la construcción de bóvedas de longitud muy superior a las que antes se habían realizado. Empleaban en su construcción ladrillos y hormigón. Sin embargo, los constructores romanos fueron gradualmente abandonando la bóveda de cañón en beneficio de la bóveda de crucería; aunque de construcción más compleja, este tipo de bóveda no requería muros tan gruesos como soporte, lo que permitía construir edificios más espaciosos, con vanos más amplios y mucho más luminosos, como las termas. En la época de Bizancio ya construían bóvedas de cañón sin el empleo de cimbras, mediante el apaisado de dovelas.[2] Este método sin cimbras fue empleado igualmente en algunas ocasiones en las culturas egipicias y mesopotámicas.