La gestión de recursos naturales es intrínsecamente compleja. Implica ciclos ecológicos, hidrológicos, clima, animales, plantas y geografía, etc. Todos ellos son dinámicos y están interrelacionados. Un cambio en uno de ellos puede tener impactos de largo alcance o largo plazo, algunos incluso irreversibles. La gestión de estos recursos debe tener en cuenta, además de los sistemas naturales, a los diferentes actores y sus intereses, sus políticas, cuestiones políticas, fronteras geográficas, implicaciones económicas y demás. Es muy difícil satisfacer todos los aspectos a la vez. Esto resulta en situaciones conflictivas.
Después de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo (UNCED") por sus siglas en inglés) celebrada en Río de Janeiro en 1992, la mayoría de los países suscribieron nuevos principios para la gestión integrada de tierra, agua, y bosques. A pesar de que los nombres de los programas varían de país a país, todos expresan objetivos similares.
Los diferentes planteamientos aplicados a la gestión de recursos naturales incluyen:.
• - Enfoque de arriba abajo (ordeno y mando).
• - Gestión comunitaria.
• - Gestión adaptativa.
• - Principio de precaución.
• - Gestión integrada.
Gestión comunitaria de recursos naturales
La gestión comunitaria (CBNRM por sus siglas en inglés), también denominada "gestión social de los recursos",[3] combina objetivos de conservación con la generación de beneficios económicos para comunidades rurales. Los 3 supuestos clave son: los lugareños están en una mejor situación para conservar los recursos naturales, las personas conservarán un recurso solo si los beneficios superan a los costes de conservación, y las personas conservarán un recurso que esté directamente ligado a su calidad de vida.[6] Cuando se refuerza la calidad de vida de los lugareños, también se destacan su esfuerzo y su compromiso para asegurar que el recurso seguirá estando disponible en el futuro en igual cantidad y calidad.[23] La gestión regional y comunitaria de recursos naturales también se basa en el principio de subsidiariedad.
Las Naciones Unidas defienden la CBNRM en la Convención sobre Biodiversidad y la Convención para Combatir la Desertificación. Sin embargo la gestión descentralizada de estos recursos puede resultar en un ambiguo entorno jurídico y social en el que las comunidades locales explotan rápida e insosteniblemente los recursos por miedo a que dicho entorno cambie y ya no puedan hacerlo. Un ejemplo son las poblaciones de los bosques en el centro de Kalimantan (Indonesia).[24] Para evitar esto el entorno debe definirse claramente.
Un problema de la CBNRM es conciliar y armonizar los objetivos de desarrollo socioeconómico, protección de la biodiversidad y utilización sostenible de los recursos.[25] Los intereses contrapuestos muestran cómo los motivos detrás de la participación se diferencian en: centrados en las personas (resultados activos o participativos que dan auténtico poder a la población) y centrados en los planificadores (la población solo es receptora pasiva de los resultados).[26][27][28] Comprender las relaciones de poder es fundamental para el éxito de la CBNRM. Los lugareños pueden ser reticentes a desafiar las recomendaciones del gobierno por miedo a perder los beneficios prometidos.
La CBNRM es particularmente defendida por ONG que trabajan con comunidades y grupos locales, por un lado, y por organizaciones nacionales y transnacionales, por otro lado. Así construyen y amplían nuevas versiones de activismo medioambiental y social que liguen justicia social y agendas medioambientales con los beneficios directos e indirectos de la explotación de los recursos, incluida una participación en los ingresos, empleo, diversificación económica y promoción de la identidad y el orgullo de los lugareños.[29] Se han documentado éxitos y fracasos ecológicos y sociales de la CBNRM.[30][31] La CBNRM plantea nuevos retos porque introduce los conceptos de comunidad, territorio, indígena y conservación en planes y programas políticamente variados en diversos sitios. Warner y Jones tratan estrategias para gestionar eficazmente los conflictos en la CBNRM.[32].
La capacidad de las comunidades indígenas para conservar los recursos naturales ha sido reconocida por el Gobierno australiano con el programa Preocupándose por nuestro país.[33] El Ministerio (en Australia se denominan departamentos) de Agricultura, Pesquería y Silvicultura, y el Ministerio de Medio Ambiente, Agua, Patrimonio y Artes, administran conjuntamente este programa. Comparten la responsabilidad de los programas gubernamentales de agricultura sostenible y medio ambiente, los cuales tradicional y generalmente se han denominado "gestión de recursos naturales". Estos programas han sido tramitados regionalmente, a través de 56 gobiernos locales, permitiendo exitosamente a las comunidades regionales decidir las prioridades en la gestión de sus recursos.[34].
Más ampliamente, un estudio sobre Tanzania y el Pacífico investigó qué motiva a las comunidades a adoptar la CBNRM, y halló que se adopta por aspectos del programa específico y por el contexto socioecológico.[35] En general la adopción de estos programas parece reflejar la ventaja relativa y el acceso a asistencia técnica externa que proporcionan a los lugareños.[35] Ha habido críticas socioeconómicas a la CBNRM en África, pero su eficacia ecológica, medida por las densidades de población de fauna y flora, ha sido repetidamente demostrada en Tanzania.[36][37][38].
La gobernanza se considera clave para llevar a cabo una gestión de recursos naturales basada en la comunidad o en la región. En el estado australiano de Nueva Gales del Sur, las 13 gestoras de las cuencas fluviales (CMA por sus siglas en inglés) son supervisadas por la Comisión de Recursos Naturales (NRC por sus siglas en inglés), responsable de auditar la eficacia de los programas regionales de gestión de estos recursos.[39].
Gestión adaptativa
El planteamiento metodológico primario de las gestoras de las cuencas fluviales australianas para administrar los recursos naturales regionales es la gestión adaptativa.[7].
Esta visión reconoce que la adaptación ocurre a través de un proceso "planea-ejecuta-revisa-actúa". También reconoce 7 componentes clave que deberían considerarse en la práctica de una gestión adecuada de los recursos naturales:.
• - Determinación de la escala.
• - Recolecta y utilización del conocimiento.
• - Gestión de la información.
• - Control y evaluación.
• - Gestión de riesgos.
• - Compromiso comunitario.
• - Oportunidades de colaboración.[7].
Gestión integrada de los recursos naturales
Conocida como INRM por sus siglas en inglés, la gestión integrada de los recursos naturales es un proceso que maneja estos recursos de manera sistemática, lo que incluye múltiples aspectos de uso de dichos recursos (biofísico, sociopolítico y económico), satisface los objetivos de producción de productores y otros usuarios directos (p. ej. seguridad alimentaria, rentabilidad o aversión al riesgo) así como objetivos más amplios de la comunidad (p. ej. reducción de la pobreza, bienestar de generaciones futuras o conservación medioambiental). La INRM se centra en la sostenibilidad y al mismo tiempo intenta incorporar a todos los posibles desde el mismo nivel de planificación, reduciendo los posibles conflictos futuros. La base conceptual de la INRM ha evolucionado en los últimos años a través de la convergencia de investigaciones en diversas áreas como el uso sostenible de las tierras, planificación participativa, gestión integrada de cuenca y gestión adaptativa.[40][41][41] La INRM se está utilizando extensa y exitosamente en la gestión de recursos naturales comunitaria y regional.[42].