Termalismo en España
El termalismo moderno en España se inició con el Real Decreto de Fernando VII del 29 de junio de 1816, que creó el Cuerpo de Médicos de Baños (Cuerpo de Médicos Directores de Baños), con funciones administrativas, investigativas y clínicas en los balnearios españoles más frecuentados.[15].
En 1817 se dictó el Reglamento de las aguas y baños minerales de España, que ordenaba que los Médicos de Baños supervisaran las instalaciones termales, atendieran a los bañistas y prepararan una memoria anual con observaciones clínicas y analíticas. Entre 1816 y 1936 se declararon más de 100 manantiales de utilidad pública en España.
El 23 de febrero de 1877 se fundó la Sociedad Española de Hidrología Médica (SEHM), una de las sociedades médico-científicas más antiguas de España, con Benigno Villafranca") como secretario general y José Salgado y Guillermo") como presidente.[16].
La segunda mitad del siglo y principios del marcaron la época dorada del termalismo español. Balnearios como Mondariz (declarado Villa Termal en 1873, único con municipio propio), Archena, Panticosa, Cestona, Solares o el Hervideros de Cofrentes (1902) se convirtieron en centros de reunión de la aristocracia y burguesía europeas.[17].
Los grandes complejos hoteleros rivalizaban con los mejores establecimientos europeos: el Balneario de La Toja con su Gran Hotel (1907), Mondariz con su embotelladora pionera (1874), Archena con su casino (1898), y Panticosa, que alcanzó reconocimiento internacional. La realeza y la intelectualidad frecuentaban estos centros: Alfonso XIII en Betelu, la reina Victoria Eugenia en La Toja, mientras que Santiago Ramón y Cajal, Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós eran visitantes habituales.
La arquitectura balnearia española del período combina elementos neoclásicos, modernistas y regionalistas. Destacan el pabellón modernista del Balneario Vichy Catalán (1901), las galerías de Cestona y Puente Viesgo, y los edificios neomudéjares de Alhama de Aragón. Muchos contaron con teatros, casinos, capillas y jardines diseñados por arquitectos como Lluís Domènech i Montaner o posteriormente Miguel Fisac.
La arquitectura de los balnearios españoles del siglo combina elementos neoclásicos, modernistas y regionalistas. Ejemplos notables incluyen el pabellón modernista del Balneario Vichy Catalán (1901), la galería de baños del Balneario de Panticosa (1854), o el edificio neomudéjar del Balneario de Alhama de Aragón (1880). Muchos fueron diseñados por arquitectos de renombre como Lluís Domènech i Montaner o Miguel Fisac.
El 5 de enero de 1912, por Real Decreto, se creó la Cátedra de Hidrología Médica en la Universidad Central de Madrid (actual Universidad Complutense de Madrid), institucionalizando académicamente la disciplina.[18] La cátedra continúa activa, siendo junto con la Universidad de Santiago de Compostela los únicos centros españoles donde se imparte esta especialidad.
Desde 1989, el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO) gestiona el Programa de Termalismo Social, que facilita el acceso a tratamientos termales a personas mayores de 60 años y pensionistas. Este programa, único en Europa por su extensión, beneficia anualmente a más de 200.000 personas y ha sido fundamental para la supervivencia y modernización del sector balneario español.[19].
El programa incluye tratamientos en más de 100 balnearios distribuidos por toda España, con especial concentración en Galicia (21 balnearios), Cataluña (19), Aragón (13), Andalucía (11) y la Comunidad Valenciana (4).
Además de las universidades Complutense y Santiago, otras instituciones españolas investigan en hidrología médica. El Instituto Geológico y Minero de España (IGME) mantiene un inventario actualizado de todas las aguas mineromedicinales del país.[20] La Asociación Nacional de Balnearios") (ANBAL), fundada en 1947, agrupa a más de 50 establecimientos y promueve la investigación científica.
Varios balnearios españoles están catalogados como Bien de Interés Cultural:.
Francia desarrolló una importante administración termal desde el siglo . Enrique IV creó en 1605 la Charte des eaux minérales y el cargo de superintendente general de las Aguas minerales. Durante el siglo , ciudades como Vichy, Bourbon-l'Archambault y Forges-les-Bains se convirtieron en importantes centros termales. El termalismo francés influyó en el desarrollo del sector en toda Europa.
Siguiendo el consejo interesado de Jean de la Rivière,[21] Enrique IV creó la Charte des eaux minérales [Carta de las aguas minerales], la base jurídica[22] de un reglamento y de una nueva administración termal creadas al nombrar a su cabeza a un superintendente general de las Aguas minerales de Francia, Jean de la Rivière mismo (Edicto de mayo de 1605). Esa administración estaba compuesta en primer lugar por intendentes que gestionaban el agua a nivel de una provincia o de una región. A continuación, se hizo costumbre nombrar a un administrador para cada balneario importante, y durante el siglo para las estaciones de tamaño medio.
Estos intendentes eran médicos que precisaban el desarrollo y las modalidades de las curas, asegurando la calidad del agua y la limpieza de los baños. El intendente dirigía a otros médicos, a los bañistas (personal asignado a los baños) y a los fontaneros (personal asignado a las aguas potables). El intendente debía presentar un informe anual de gestión al superintendente general. Durante el siglo , pocas estaciones conocen una frecuentación real: Bourbon-l'Archambault, Vichy, Forges, Barèges.[23].
El ejército contribuyó fuertemente al desarrollo de ciertos balnearios como Bourbonne-les-Bains (Haute-Marne), desde Luis XV y dado que esa pequeña ciudad ya tenía un pasado termal en la época romana. Así, un hospital militar atendía a los soldados heridos en esa localidad vitivinícola (350 ha) que encontró así una excelente salida para sus vinos.
Mientras tanto, en 1685, un edicto real restringió la libertad de extraer el agua gratuitamente, de transportarla y de comercializarla, con el fin de preservar su calidad frente al fraude y la falsificación. A lo largo del siglo , el uso de aguas minerales se regularizó cada vez más (declaración del 25 de abril de 1772, sentencia del Consejo de 12 de mayo de 1775, declaración de 26 de mayo de 1780...) inscribiendo las aguas minerales en una lógica farmacéutica y médica. Las grandes ciudades establecieron un «Bureau des eaux minérales» (Oficina de aguas minerales) responsable de controlar las patentes, la calidad y el comercio de las aguas: París (1716), Marsella (1739), Burdeos (1745), Montpellier (1753), Toulouse (1762).
La medicina termal era conocida por los consilia, en latín, luego por las consultations (consultas) en francés, por escritos desde el siglo hasta el comienzo del siglo . Se trata de colecciones escritas a mano o impresas por los médicos termales durante sus prácticas. Los médicos franceses se encontraban principalmente en el sur del país, centrados en Montpellier. Este termalismo solo afectó a una pequeña minoría de pacientes adinerados y de afecciones patológicas poco severas o a secuelas.
Las doctrinas no se referían a autoridades antiguas o medievales, se basaban principalmente en los hábitos empíricos de uso y en la experiencia personal del médico. El discurso médico se adaptaba según las corrientes del momento: al galenismo con las aguas «refrescantes» y «humectantes» contra los excesos de calor y sequedad, luego al mecanismo "Mecanismo (filosofía)") con las aguas «diluyentes» y «fluidificantes» contra las viscosidades y las obstrucciones, y finalmente al vitalismo con las aguas «tonificantes» contra los debilitamientos. Sería un discurso subjetivo e imaginario a comparar con un contexto poético estudiado por Bachelard en L'eau et les rêves")[24] [Agua y sueños]..
El desarrollo del termalismo médico en Francia fue obra de los médicos del rey. El cargo muy lucrativo de superintendente general de los baños, creado en 1605, recayó automáticamente en el primer médico del rey en 1709. Según J. Coste, el termalismo médico era una vía de ascenso social hacia la nobleza, el sueño de muchos médicos bajo el Antiguo Régimen. La administración termal era, por tanto, un lugar de complicidad, de vínculos de intereses y estrategias familiares, siendo un ejemplo de éxito el de Théophile de Bordeu.[25].
Los balnearios más famosos de Europa central se encontraban en el Principado de Lieja —con Spa "Spa (Bélgica)") notable por sus frías aguas—, en el Ducado de Nassau —con Schwalbach") por sus aguas minerales, Wiesbaden por sus cálidas aguas o Schlangenbad por sus aguas tibias—, en la ciudad libre de Aquisgrán, conocida por sus aguas muy calientes. En Suiza, fueron las estaciones de Argovia, con Schintznach y Baden "Baden (Argovia)"), famosas por sus aguas sulfuradas.
Esas estaciones tenían baños públicos al aire libre, baños privados cubiertos y estufas y baños de vapor. Las aguas se bebían directamente de la fuente desde el amanecer. Los cuidados que dispensaban alemanes y suizos se caracterizaban por un gran uso de las ventosas. Se trataban la mayoría de las enfermedades crónicas y de las secuelas de lesiones, con la excepción de las enfermedades del pecho.
Durante el siglo se desarrolló en Alemania un género literario sobre los baños (Amusements des eaux), escrito en francés, el idioma internacional de la época. Eran ante todo guías de consejos, luego guías de turismo, relatos de viajes, manuales de buenas costumbres, mezclando anécdotas galantes entre curistas y controversias eruditas sobre las aguas.[26].
El termalismo germánico fue un turismo termal para las élites europeas, para nobles y burgueses, basado en la reputación de las aguas, en la calidad de la atención y en el disfrute de la estancia. Las diversiones era numerosas: paseos, picnics, excursiones, salas de juegos (billar), juegos de azar (faraón&action=edit&redlink=1 "Faraón (juego) (aún no redactado)")), loterías, bailes, conciertos y espectáculos... La vida mundana del balneario reunía a ambos sexos de una forma más íntima que en su lugar habitual de encuentro, siendo cada uno capaz de hablar más fácilmente del cuerpo y la salud del otro. Según un texto de la época, «parece que en Aix [Aix-la-Chapelle] estar enfermo o ser galante sean una misma cosa».[27].
Este termalismo de placer para gente adinerada dio vida a muchas profesiones, con efectos beneficiosos sobre la economía local y regional de ls zonas termales. También atraía a ladrones y a aventureros. Según E. Belmas, este termalismo representaba los inicios de una industria del ocio, de un comercio de lujo, y también del de las falsificaciones, suvenires y baratijas.[26].
La estación más renombrada en Inglaterra era Bath, seguida de Tunbridge Wells, Buxton "Buxton (Derbyshire)"), Scarborough&action=edit&redlink=1 "Scarborough (Yorkshire du Nord) (aún no redactado)") y Cheltenham. Al igual que en Alemania, estas estaciones ofrecían ocio y entretenimiento a aristócratas y grandes burgueses, generando una importante actividad comercial. Esas estaciones eran propiedad de individuos o de corporaciones privadas, fuera de la tutela de la Corona o de la Iglesia. Los empresarios locales explotaban libremente el creciente gusto de la burguesía inglesa por el lujo y por el consumo, deseosos de comprar salud y ocio al mismo tiempo y en un solo lugar.[7].
Las aguas minerales se embotellaban: las ricas en hierro, se utilizaban como purgantes; las de Bath para tratar la esterilidad. Los médicos patentaban las aguas como medicinas, como hizo Nehemiah Grew para las sales de las aguas de Epsom (ricas en sulfatos de magnesio). Esto dio lugar a una literatura médica que era tanto un estudio científico como un prospecto comercial.[7].
Portugal cuenta con una rica tradición termal con más de 40 estaciones termales activas. Las Caldas da Rainha, fundadas por la reina Leonor de Viseu en 1485, fueron el primer hospital termal del mundo. Otros centros históricos incluyen Vidago, Caldas de Monchique") y las Termas de São Pedro do Sul").
Italia, heredera directa de la tradición romana, mantiene más de 380 establecimientos termales. Montecatini Terme, Abano Terme y Salsomaggiore Terme son reconocidos internacionalmente. La región de Toscana concentra el mayor número de fuentes termales naturales de Europa.