Arquitectura helenística
Introducción
El término helenístico suele comprender aproximadamente el período que siguió a la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) con la división de su imperio en reinos personales fundados por los diádocos, entre otros, lágidas en Egipto, seléucidas en Siria o atálidas en Pérgamo, hasta el año 31 a. C. cuando Octavio Augusto derrotó a Marco Antonio y Cleopatra. Se caracterizó por la expansión de la lengua (koiné), la literatura y el arte de la Antigua Grecia por el Mediterráneo y el Próximo Oriente.
La emulación entre sí de los distintos reinos helenísticos estimuló el desarrollo de grandes planes y complejos urbanísticos que habían desaparecido en su mayoría de las ciudades-estado en el siglo a. C.[1] Se diseñaron edificios destinados a usos específicos, en grandes espacios, no limitados por las barreras físicas de la Antigua Grecia, donde se pudieron crear nuevas ciudades como Alejandría, fundada en 332 a. C., Antioquía, Pérgamo o Seleucia del Tigris.
La arquitectura helenística fue un punto álgido en la arquitectura de la antigüedad. Entre sus obras se encuentran dos de las consideradas siete maravillas del mundo antiguo: el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. Pero también la Biblioteca de Alejandría está considerada como ejemplo de ingenio arquitectónico.
Características de la arquitectura helenística
Los reyes, en su afán de emulación y control, enviaban a sus arquitectos de ciudad en ciudad para que construyeran los monumentos que contribuyeran a su prestigio, edificios públicos, religiosos o culturales, lo que facilitó la unidad de la arquitectura helenística.[2].
La arquitectura helenística se caracterizó por su eclecticismo y una mayor libertad de forma que la Arquitectura en la Antigua Grecia, en parte debido, entre otros, al uso del primer hormigón de cemento natural, y la construcción de proyectos a gran escala y ciudades concebidas desde cero, como Pérgamo o Alejandría. Esta planificación urbana fue bastante innovadora para el mundo griego. Elegían el lugar para producir un efecto teatral en función del panorama visual del emplazamiento. En lugar de manipular el espacio corrigiendo sus fallas, los planos de construcción se ajustaban al entorno natural para realzar sus cualidades. Aparecen muchos lugares de esparcimiento, como teatros y jardines públicos, así como estoas y basílicas a las que añadieron un claristorio para su iluminación interior.