Pagodas
En los países de Extremo Oriente por donde se extendió el budismo, los templos suelen contener altas torres de madera de varios pisos (habitualmente cinco) y base cuadrada u octogonal, con característicos tejados curvados.
Una de las más impresionantes pagodas chinas fue la Nánjīng Táotǎ (Torre de porcelana de Nankín), del siglo , destruida en el siglo . Tenía nueve pisos, y se cubrió con ladrillos de porcelana blanca. Sus ochenta metros solo fueron superados por la Pagoda Liaodi de Dingzhou (84 metros) y por la desaparecida pagoda que se levantó en Chang'an en el siglo , de la que se dice que alcanzaba los cien metros.
En Vietnam, la Chùa Một Cột (Pagoda del Pilar Único) es un icono de su cultura.
Torres de iglesias y monasterios
Aunque no de forma general, desde el arte paleocristiano algunas iglesias "Iglesia (edificio)") incluyeron torres, como la basílica de San Lorenzo de Milán[16] (siglo ), que tenía cuatro pequeñas torres. Desde el siglo se hizo frecuente disponer dos torres en el nártex, flanqueando la fachada, o una torre en el crucero "Crucero (arquitectura)") (en el caso de las de planta de cruz como la iglesia de los Santos Apóstoles "Iglesia de los Santos Apóstoles (Constantinopla)") de Constantinopla) o sobre el presbiterio "Presbiterio (arquitectura)") (en el caso de las de planta basilical, para dar luz al ábside, como en la basílica de Meriamlik") -año 471-).
La iglesia de San Martín de Tours "Basílica de San Martín (Tours)")[17] (470) se hizo con una torre sobre el crucero y otra que posteriormente se usó como campanario. En Europa Occidental, las torres de iglesia a partir del siglo tienen un marcado carácter de fortificación, fruto de la época de las invasiones. En la arquitectura bizantina, especialmente en las iglesias sirias, las torres se convierten en símbolos de poder, un modelo que se reconoce en el Acheiropoietos")[18] de Salónica. Una pareja de torres en la fachada, flanquando una loggia donde se exponen las reliquias, es la tipología propia de las iglesias meta de peregrinación característica de las iglesias de Capadocia de la primera mitad del siglo . El modelo se siguió también en la catedral de Sofía") (siglo ). Torres encima de los ábsides aparecen en las iglesias de Sergilla") (una) o Sinsarah") (dos). También sobre los ábsides se construyeron las torres de la basílica de Santa Eulalia de Mérida (siglo ), pero con una función constructiva mucho más marcada, al no arrancar de la bóveda de los ábsides, sino de su muro exterior.[19].
Desde el prerrománico, los monasterios medievales (como Fulda en la arquitectura carolingia) se concibieron como verdaderas ciudadelas fortificadas, en las que las torres cumplían una función igual a la de los castillos. En cambio, en las iglesias de la arquitectura visigoda o asturiana no hubo un significativo uso de las torres.
La arquitectura románica dio un papel diferente a las torres en sus distintas variantes locales. En Italia, el campanile se concebía como un edificio exento, separado del cuerpo principal de la iglesia (catedral de Pisa -mediados del siglo -). En Alemania, las iglesias otonianas, como San Miguel "Iglesia de San Miguel (Hildesheim)") de Hildesheim (comienzo del siglo ) se caracterizaron por su disposición simétrica (idéntica en cabecera y pies), con cuatro torres cilíndricas y dos masivos cimborrios.
La gótica se caracterizó por la búsqueda de altura y sus agudas agujas o chapiteles. En el arte de la Edad Moderna la función de las torres permaneció como estética y espiritual; siendo uno de los más importantes hitos urbanos.
Algunas iglesias del siglo siguen manteniendo el recurso a las torres para desempeñar alguna de sus funciones tradicionales (campanario y presencia urbana). En algún caso se convierten en la parte más visible del propio templo, como ocurre con las de Sagrada Familia de Barcelona, diseñada por Gaudí y aún en construcción, en las que además tienen funciones simbólicas (cada una de las dieciocho torres representa a un personaje: Jesucristo, la Virgen, los cuatro evangelistas y los doce apóstoles).
La torre campanario o campanil es la torre donde se colocan las campanas "Campana (instrumento)"), con la finalidad de convocar la asistencia de los feligreses al servicio religioso. Algunos campanarios alojan un carillón, instrumento musical conformado por varias campanas.
Un tipo especial de torre campanario es el campanile, un campanario surgido originalmente en Italia que se desarrolla como edificación exenta, de planta circular o cuadrada, enteramente independiente del edificio religioso. Los más conocidos son la Torre de Pisa, famosa por su inclinación, y el Campanile de San Marcos de Venecia.
Otra modalidad de campanario es la espadaña "Espadaña (arquitectura)"), que no es una torre propiamente dicha, sino una pared maciza, la mayoría de ellos con remates mixtilíneos en donde se colocan una campana o una serie de campanas desde las más grandes hasta las más pequeñas; en espacios o aberturas denominados "claros".
Alminares o minaretes
Alminar o minarete son los nombres con que se traducen en las lenguas romances la palabra árabe منار (minar -"faro"-), que designa a las torres de las mezquitas musulmanas. Su función ritual es proporcionar un entorno elevado para que el muecín o almuédano ( مُؤَذِّن mu'aḏḏin -"gritador"-) efectúe las cinco llamadas ( أَذَان adhan) que cada día se hacen para convocar a la oración ( صلاة salat). Para ello, el minarete suele tener en su parte más alta un balcón que lo rodea, desde él se lleva a cabo la llamada. En la actualidad, se el almuédano se suele ayudar con un sistema megafónico para ser escuchado con más facilidad en las grandes ciudades.
La forma de los alminares varía según las zonas. En el Magreb las mezquitas suelen tener solo uno, de planta cuadrada. En el oriente musulmán son habituales las mezquitas con más de uno, generalmente dos o cuatro, y de forma variable. Son característicos en los lugares de influencia otomana los esbeltos minaretes de sección circular, con un balcón sobresaliente y un tejado cónico.
El número de los minaretes también es significativo: cuando el sultán Ahmed I mandó levantar seis minaretes en la Mezquita Azul de Estambul, fue criticado porque hasta entonces solo tenía ese número Masjid al-Haram ("la mezquita sagrada" de La Meca, donde se custodia la Kaaba); el sultán solucionó el problema mandando construir un séptimo alminar en La Meca.
El minarete de la mezquita de Samarra (Irak), una espiral ascendente, se inspira lejanamente en la forma de los ziggurat.
En Tombuctú son característicos los alminares de tierra, paja y madera, tres de los cuales (en conjunto con sus mezquitas-madrasa) han sido declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO (Sankore, Djinguereber y Sidi Yahya).
La función del minarete es también marcar la dominación física del espacio. Cuando los turcos conquistaron Constantinopla, la islamización de Santa Sofía se indicó rodeando con cuatro minaretes la inmensa mole de la cúpula que caracterizaba el perfil de la ciudad.
De modo similar, la Reconquista española cristianizó los alminares convirtiéndolos en torres de las iglesias que se levantaban sobre las mezquitas.