Arquitectura de resiliencia cultural
Introducción
La huella cultural[1] es el impacto que ejercen los grupos e individuos en el entorno cultural. Entendiendo la cultura como el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.
Elementos de definición
Toda comunidad, ciudad o sociedad organiza sus actividades y su vida cultural de acuerdo con sus antecedentes, historia, formas culturales propias y su realidad actual. La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce la participación en la vida cultural de las personas como derecho fundamental y las sociedades modernas han estructurado su intervención en la cultura a partir de las estructuras del Estado nación (Gobierno central, regional y local) con sus regulaciones legislativas específicas.[2] El primer nivel de garantía del derecho cultural es la libertad y la participación en la vida cultural a nivel individual. Toda persona como ciudadano intenta satisfacer sus necesidades culturales pero requiere de lo social o compartido para alcanzar una plena realización de sus derechos y aspiraciones, por lo cual se producen procesos complejos de estructuración social alrededor de la cultura. Los diferentes agentes implicados a partir de las acciones e implicaciones que tienen en un sector determinado, como actor social afectado por la acción a desarrollar. En estas dinámicas se van a descubrir nuevos campos de acción conjunta, considerando sus oposiciones y conflictos como un campo de complejidad y, sobre todo, de diversidad.[3].
La cultura no se manifiesta solamente de forma física, algo material que se pueda exhibir, sino que también hay muchas formas intangibles. Para proteger estas manifestaciones valiosas de la cultura. En 2003 la UNESCO las definió así por primera vez en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Dentro de estas maneras de expresiones culturales se encuentran las tradiciones orales, los festivales, los trajes, la danza y los bailes, los rituales, el teatro e incluso culturas alimentarias.
La huella cultural fue definida en junio de 2013 a iniciativa de un grupo de expertos de la UNESCO,[4] de la OCDE, de la Organización Internacional de la Francofonía, de ministerios franceses, de empresas y de la sociedad civil.
Así, fue definida como «el conjunto de externalidades,[5] positivas o negativas, generadas en el entorno cultural por la acción de un agente». Se la considera positiva cuando enriquece la diversidad cultural,[6][7] cuando favorece a una intensidad cultural.[8].