Arquitectura de paseos
Introducción
Un capricho, o también folly (vocablo inglés para designar «locura» o «extravagancia») o folie (vocablo francés con el mismo significado que en inglés), es un edificio construido principalmente como decoración, pero cuya apariencia sugiere que tiene algún otro propósito.
Un ejemplo contemporáneo que hace uso de las folies como elemento articulador de la ordenación de un moderno parque urbano es el parque de la Villette de París, del arquitecto Bernard Tschumi.
Orígenes, naturaleza y características
Entre los referentes de este tipo de trabajo se encuentran en los caprichos plásticos "Capricho (arte)") de la pintura y el grabado deiciochesco, donde sus autores emplean y representan imágenes de ruinas, arquitecturas o elementos arquitectónicos reales pero a partir de combinaciones y contextos que ellos mismos fabrican. Entre los artistas célebres que han desarrollado este tipo de trabajos se destacan Pannini y Tiépolo. En 1735, por ejemplo, Pannini desarrolló su Capricho romano: el Panteón y otros monumentos, fantasía arquitectónica donde sitúa edificios y monumentos de Roma en un contexto insólitamente rural.[1].
Como pequeñas construcciones, a menudo de carácter romántico, los caprichos arquitectónicos poseen distintas formas y funciones: pabellón "Pabellón (arquitectura)"), torre, puente, cascada, ruinas, gruta, casa de conchas, rotonda, esquinazos, se construyen en un parque o en un jardín. Por su disposición y su sucesión, garantizan la articulación de las distintas zonas y realzan las rutas de los paseos dentro del jardín.
Se trata de edificios extravagantes o caprichosos hacen hincapié más en la expresión artística que sobre el aspecto funcional. Las «fábricas» (elementos edificados) que subsisten se construyeron en duro, a veces para parecer un edificio antiguo parcialmente en ruinas, sin embargo una gran parte de entre ellas fueron construcciones transitorias. Construidas con ayuda de enrejados de madera, servían de decorado con motivo de fiestas campestres puntuales.
Las fábricas de jardín conocieron una gran popularidad desde finales del siglo hasta principios del siglo , conjuntamente al desarrollo de Romanticismo y de los jardines a la inglesa. Más allá de su aspecto decorativo, el aspecto utilitario de estos edificios a menudo fue desdeñado. Por esta razón, las fábricas de jardín a veces se calificaron de «edificios incomprendidos».[2].