Arquitectura de haciendas
Introducción
Una hacienda es un dominio "Dominio (territorio)") o finca, similares a un latifundio romano, en España y el antiguo Imperio español. Originarias de Andalucía, las haciendas eran plantaciones (que quizás incluían animales o huertos), minas o fábricas, y muchas combinaban estas actividades. El término deriva del español «hacer» (del latín "facere") y «haciendo», refiriéndose a empresas comerciales productivas.
El término hacienda es impreciso, pero suele referirse a latifundios de gran tamaño, mientras que las propiedades más pequeñas se denominaban estancias o ranchos. Todas las haciendas coloniales eran propiedad casi exclusiva de españoles y criollos, o en raras ocasiones de mestizos.[1] En Argentina, el término estancia se utiliza para grandes latifundios que en México se denominarían haciendas. En las últimas décadas, el término se ha utilizado en Estados Unidos para designar un estilo arquitectónico asociado con las casas señoriales tradicionales.
El sistema de haciendas de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Guatemala, El Salvador, México, Nueva Granada y Perú era un sistema económico de grandes latifundios. Un sistema similar existía, a menor escala, en Filipinas y Puerto Rico. En Puerto Rico, las haciendas eran más grandes que las estancias; solían cultivar caña de azúcar, café o algodón; y exportaban sus cosechas al extranjero.
Hacienda andaluza
Contenido
Es la forma de mayor monumentalidad entre las diferentes formas de hábitat rural de Andalucía, con frecuencia confundida con los cortijos. En los términos de la distinción metodológica que hace Ackerman, entre residencia señorial campestre, asociada a una gran explotación agraria, y la granja o hábitat de carácter puramente agrícola, en la que el dueño puede tener, o no, vivienda, la Hacienda pertenece clarísimamente al primer grupo.[2].
La hacienda andaluza se asienta, como modelo, a partir de la ocupación del Valle del Guadalquivir por los castellanos, entre los siglos XIV y XVI, muy influida por la adopción de la idea social de la nostalgia por el campo, propia de la transición al Renacimiento.[3].
En ese proceso, la hacienda se conformó con unas características concretas, condicionada por los procesos históricos del régimen de tenencia de la tierra y de la estructura de la propiedad, aunque diversos autores (Nicolás Torices y Eduardo Zurita, por ejemplo) entienden que, en la conformación de las características de la arquitectura rústica andaluza, tuvo un importante papel, precisamente, la adopción del ideal social de por parte de las clases terratenientes, que hizo que la explotación agropecuaria asumiera la forma arquitectónica de .