Tipos de cortijos
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Como ya se ha indicado, hoy en día se utiliza la palabra cortijo para designar cualquier construcción rural de Andalucía o Extremadura (más raramente en Castilla-La Mancha), aunque lo cierto es que la palabra cortijo se ha referido, históricamente, a un tipo muy concreto de estas construcciones. Así, podemos distinguir varios tipos de hábitats rurales en las zonas indicadas:[7].
La casería de olivar y la hacienda
Son núcleos de construcciones adosadas, con cubiertas a dos aguas, rematadas a veces en la fachada del portón. La construcción suele ser de tapial o ladrillo, con verdugadas en algunos lugares, esquinazos de mampuesto de piedra, todo ello encalado, y con rollizos sin desbastar en las armaduras de cubierta.
Abundan en las campiñas de Jaén "Provincia de Jaén (España)"), Córdoba "Provincia de Córdoba (España)"), Sevilla y Badajoz, en las planicies del río Guadalhorce y en otros lugares dedicados al cultivo del olivo, como las serranías de Jaén, aunque no son usuales en las zonas de montaña. Se identifican fácilmente por la torre de la almazara y por la casa señorial (cualquiera que sea su entidad), situada en lugar preferente y, por lo común, de espaldas al patio.
La casería de cereal o cortijo
El Cortijo propiamente dicho, es siempre una casería de cereal, es decir, asentada en tierras de campiña dedicadas al cultivo de cereal.
Suele estar asociado a una estructura de la propiedad de la tierra latifundista, en la que constituye el núcleo de explotación de una gran extensión de tierra. Es muy similar a la de olivar, aunque lógicamente carece de almazara y solo raramente tiene vivienda señorial, siendo en cambio visibles los grandes graneros y secaderos. Se da en amplias zonas de Jaén, Córdoba, Sevilla y Badajoz; algo menos, en Granada, Málaga y Cádiz.
Similares en su planteamiento general, son las construcciones rurales de las zonas montañosas del norte de Huelva, Córdoba y Jaén, aunque no están vinculadas principalmente al cereal, sino a la ganadería.
La casa de viñedo o viña
En ocasiones, cuando no se centraban en los núcleos urbanos, las actividades de producción del vino han llevado a la aparición de un hábitat diseminado, diferenciado y de gran densidad, aún sin llegar a conformar una tipología constructiva en sentido estricto.[8] La casa característica de estas explotaciones en la comarca de Jerez se denomina como Viña, que es una casa-bloque similar a las de vega o huerta, y que se caracteriza porque la mayor parte de la superficie construida se dedica a la cuadra de lagares, sala de grandes dimensiones donde se sitúa el utillaje para la elaboración del mosto. La zona industrial de la finca, se completa con la bodega de mostos, contigua a aquella, y donde se produce la primera fermentación, después de la cual se trasladaba el vino a las bodegas urbanas especializadas en crianza.
Usualmente carecen de casa señorial, existiendo sin embargo, frecuentemente, una casa para el capataz. No obstante, hay Viñas con interesantes ejemplos arquitectónicos de vivienda señorial, capilla, porches y jardines, al estilo de la Haciendas de Olivar.[9].
Antiguamente eran un importante centro de trabajo para desempleados de la zona o gañanes.[10].
La casa de vega o huerta
Suelen estar formadas por un edificio principal, conformado como casa-bloque, al que se adosan algunas construcciones secundarias (graneros, cuadras, viviendas menores...), con acceso a todas ellas desde un patio lateral murado. La fachada de la casa principal suele dar a una lonja o solana.
Es el tipo propio de las zonas de olivar de montaña (Sur de Jaén y Córdoba), áreas de minifundismo como las vegas de Granada y Málaga, y en las zonas semimontañosas del sur de Sevilla y norte de Cádiz.
El cortijo aislado
Es una construcción única, muy vinculada a las explotaciones minifundistas de limitada capacidad económica. Es muy común en las zonas montañosas del Sistema Bético, así como en las altiplanicies de Málaga y Granada, donde suele aparecer con un patio cercado lateral u otras pequeñas construcciones anexas.
También pueden considerarse de este tipo los cortijos populares que abundan en la franja litoral de Almería (Níjar, Tabernas) las Alpujarras y la Región de Murcia. Sus moradores eran bien humildes aparceros, propietarios o arrendatarios o bien también de jornaleros, pastores y muleros. Los primeros estaban mejor dotados y frecuentemente tenían doble planta, varios dormitorios, pajares, cuadras, corrales y otras dependencias y los segundos tenían suelos de tierra, ventanucos y no se separaban las estancias de tal manera que los moradores vivían con los animales. No reunían buenas condiciones sanitarias, de tal modo que se blanqueaba techos, paredes y hasta suelos con lechadas de cal fogada. Se podían presentar como cortijos en hilera.[11].
En cuanto a los componentes de la edificación hay que señalar que los muros se levantaban con piedra y cementaban con argamasa de barro arcilloso, mortero "Mortero (construcción)") de arena y cal o yeso cocido. Otro tipo de muro es el de tapia o el de adobe. Generalmente se revestían de mezcla de arena y cal o masa de yeso y se blanqueaban con cal viva fogada dando lugar a la imagen de "cortijo blanco Andaluz" pero también se presentan cortijos con la piedra vista. Tenían un exterior sin ornatos y culminaban en terraos "Terraza (arquitectura)") con pretiles y caños, aunque también había tejados a dos aguas o cerramientos mixtos, En el interior las paredes y los techos se repellaban con barro arcilloso, o con mezcla de cal y arena o yeso de construcción blanqueados con cal viva fogada. Los suelos eran de arcilla prensada, mezcla o yeso con granza y por donde pasaban los animales empedrado. La estancia principal era la cocina y las restantes estancias se ubicaban a su alrededor, a los que se accedía a través de vanos en arco, como dormitorios, almacén de cosechas, cuadras, pajar y patios.