Arquitectura de bibliotecas
Introducción
La Biblioteca de Celso, en Éfeso, Asia Menor (actualmente parte de Turquía), fue un edificio monumental de la época romana construido en el siglo.
La biblioteca albergó en torno a 12 000 rollos y también sirvió como tumba del cónsul romano Tiberio Julio Celso Polemeano. Era poco habitual que alguien se hiciera enterrar en una biblioteca o incluso dentro de los límites de una ciudad, lo cual fue un honor especial para Celso, que está enterrado en una cripta debajo de la biblioteca, en un sarcófago de mármol decorado. Esta biblioteca era la tercera más grande del mundo antiguo, detrás de la de Alejandría y Pérgamo.[1].
Historia
Fue construida aproximadamente entre los años 114 y 125[2][Nota 1] en honor al senador, cónsul y procónsul romano Tiberio Julio Celso Polemeano por el hijo de Celso, Tiberio Julio Áquila Polemeano (cónsul, el año 110), que donó 25 000 denarios para la construcción, la decoración y la adquisición de libros. Los herederos de Áquilas completaron la obra. Celso había sido cónsul en el año 92, y posteriormente fue procónsul de Asia "Asia (provincia romana)") entre los años 105 y 107, cuya capital era Éfeso.[3] Fue un ciudadano romano, el primero de origen puramente griego en llegar a ser Cónsul de Roma, por lo cual era popular y además, adinerado.
En una inscripción de la fachada se recojen diversos actos que se celebraban en el edificio periódicamente: la estatua de Celso debía ser coronada tres veces a lo largo del año y un día determinado del año, en el que se celebraba la festividad de Celso, se coronaban todas las demás estatuas.[4].
Se cree que el interior de la biblioteca fue asolado por un incendio durante la incursión de los godos en Éfeso en el año 262. Solo sobrevivió la fachada, pero posiblemente siguió funcionando durante un tiempo dado que hay indicios de que fue restaurada en torno al año 400.[5][2] Esta fachada cayó por un terremoto, en los siglos X o XI, tras lo cual permaneció en ruinas por más de 900 años.
Entre 1970 y 1978 el arqueólogo alemán Volker Michael Strocka dirigió una campaña de reconstrucción. Strocka analizó los fragmentos que habían sido excavados por los arqueólogos austriacos entre 1903 y 1904. Mientras tanto, algunos elementos arquitectónicos se habían perdido o habían sido adquiridos por museos en Viena y Estambul. En el proceso de anastilosis, los fragmentos ausentes o perdidos, fueron reemplazados por copias. Solo se reconstruyó la fachada y el resto del edificio permaneció en ruinas.