Los primeros baños
La práctica del baño en la Antigua Roma se inspira de la atestiguada en Grecia a finales del siglo antes de Cristo. Las termas de Stabia de Pompeya, en funcionamiento desde el siglo a. C., se organizaban alrededor de un palestra central, elemento típicamente griego, aunque inicialmente solo albergaban agua fría proveniente de un pozo. Los primeros baños templados y calientes aparecieron durante la segunda mitad del siglo a. C. con la difusión del hipocausto en el mundo romano que Plinio el Viejo atribuyó al ingeniero Cayo Sergio Orata. Su uso fue difundido por el Imperio romano a toda Europa.[10] Al principio carecían de mucha iluminación y eran lúgubres, debido a que las ventanas se construyeron pequeñas para evitar que el calor saliera por ellas.[11] Este problema pudo solucionarse gracias a la aparición de la tegula mammata, placas cerámicas que permitían la creación de un tabique hueco por donde pasaba el aire caliente proveniente del hipocausto. Esta técnica se mejoró con el uso de otros conductos disimulados que permitían la recuperación del calor de forma más efectiva. Además, el uso de ventanas de cristal conllevó una rápida transformación arquitectónica de los baños que se hicieron más grandes y luminosos a partir del siglo .[12].
Profusión
Las primeras termas son privadas y únicamente en las villas romanas de los patricios, la clase social alta, se hallaban baños y letrinas. Las primeras termas públicas no aparecieron hasta el siglo a. C. cuando los particulares comenzaron a proponer baños fríos y calientes a veces acompañados de masajes. No obstante, las grandes termas pensadas para recibir un gran número de ciudadanos aparecieron en torno al año 19 a. C., siendo construidas por orden de Marco Vipsanio Agripa, consejero cercano y yerno del emperador Augusto. Con el paso del tiempo, los baños fríos fueron añadiendo salas templadas y calientes a sus instalaciones en todas las provincias del Imperio.[13] La práctica termal se constituyó como una características de la cultura romana e incluso las ciudades romanas más modestas se equiparon con establecimientos termales como la colonia veterana de Timgad (actual Argelia), cuya población ascendió a unos 5.000 habitantes, pero albergaron ocho termas. Los emperadores a menudo construían baños para ganarse el favor del pueblo y legar un monumento a su generosidad; incluso algunos patricios pagaban días gratuitos al público para alcanzar popularidad.[11].
A finales del siglo a. C., Roma contaba con alrededor de 200 baños.[11] En el siglo se alcanzaron un total de 856 baños en la capital imperial y, aunque la mayoría alcanzaban dimensiones modestas, algunas rivalizaban como las mejores diez termas imperiales censadas. Si todas las ciudades romanas poseyeron baños privados o públicos (algunos como los de Tréveris, Lutecia, Cartago, Éfeso o Antioquía rivalizaban en tamaño y lujo con los de Roma), esta profusión era característica de Roma. Por ejemplo, Pompeya y Ostia solo contaron con tres grandes termas y algunas balnea, estos últimos son más lujosos que la mayoría de balnea de Roma.[14].
En Roma, siguiendo el ejemplo griego, se construyeron estancias similares que pronto fueron del gusto de la ciudadanía. Ya no solo se realizaban los actos de limpieza y relajación, así como aquellos medicinales cuando las aguas tenían propiedades curativas, sino que se añadía un cuidado del cuerpo que incluía prácticas deportivas y un ritual de masajes con diferentes sustancias como esencias y aceites especiales.
El nombre de termas se aplica por primera vez a unos baños construidos por Agripina en el año 25 d. C. Nerón construyó unas termas en el campo de Marte: Termas de Nerón, las cuales se encuentran prácticamente desaparecidas. Las primeras termas de carácter monumental son las que inició Domiciano e inauguró Trajano, las Termas de Trajano, pero fueron ampliamente superadas por las de Caracalla, cuya inauguración tuvo lugar el año 216.
Las actuales ruinas de las termas de Caracalla dan idea del monumental tamaño del complejo termario que se extendía con servicios como biblioteca o tiendas. Estas instalaciones, construidas alrededor del año 217, tenían un aforo de mil seiscientos usuarios. Las termas de Diocleciano, otras de las importantes instalaciones de este tipo de la capital del Imperio, fueron remodeladas por Miguel Ángel que convirtió su tepidarium en la iglesia de Santa María de los Ángeles.
Los baños romanos abrían al mediodía y cerraban al ponerse el Sol. En los lugares destinados al baño había departamentos separados para hombres y mujeres; si no había espacios separados, el establecimiento abría unas horas al día para mujeres y otras para hombres, y solo una vez a la semana las termas eran abiertas al pueblo. En algunas ocasiones, durante el Imperio, se permitió el baño conjunto a hombres y mujeres.
Otro uso predominante y que suele aparecer en todo lugar donde acudían las entidades de la ciudad (al igual que el teatro por ejemplo), en las termas también se solía acudir para "socializarse". Era en muchas ocasiones un centro de reuniones informales, perfecto por su relajante aire vaporado y las calientes aguas termales.