En la primera mitad del siglo , los proyectos presentados en la Academia de San Lucas de Roma reflejaban la búsqueda de una grandiosidad de escala y la predilección por las formas geométricas elementales. Los concursos anuales convocados por la Academia romana representaban un aspecto muy importante para la producción arquitectónica de la época, ya que cumplían la tarea de delimitar las nuevas tendencias de la arquitectura internacional.[1].
En torno a 1750, las vistas grandilocuentes se convirtieron en una constante también en la producción académica francesa. Muchos arquitectos, como Jacques-Pierre de Gisors"), Pierre-Jules Delespine"), Antoine Vaudoyer") y Jean-Nicolas-Louis Durand, ejemplifican la grandiosidad visionaria de la arquitectura francesa de finales del siglo . En este contexto, los más influyentes fueron Étienne-Louis Boullée y Claude-Nicolas Ledoux.[1] Estos dos arquitectos dieron inicio a la definición de «arquitectos visionarios» o «arquitectos revolucionarios», es decir, intérpretes de los cambios relacionados con la Revolución francesa, a pesar de que, a nivel biográfico, no habían tenido nada que ver directamente con la Revolución.[2].
El punto de inflexión de la arquitectura de Boullée fue el proyecto para la finalización del Hotel Brunoy, que data de 1779 y se caracteriza por sus formas solemnes y pretenciosas. En 1780 presentó una serie de dibujos para la reedificación del Palacio de Versalles, que dejan presagiar las aspiraciones visionarias del arquitecto. En 1781 se dedicó al proyecto de un teatro para la Place du Carrousel, caracterizado por una gran columnata circular y coronado por una cúpula rebajada.
Los sucesivos diseños para la nueva iglesia que se debía construir sobre los cimientos de la todavía incompleta iglesia de la Madeleine de Pierre Contant d'Ivry muestran un edificio grandioso, con bóvedas infinitas y más de tres mil columnas. Estas proporciones colosales, absolutamente fuera de los límites de los recursos de la época, se registran también en los proyectos de un museo y de una biblioteca, en los que las exigencias funcionales parecen no tener ya ninguna relevancia. En otras palabras, Boullée había decidido tratar la arquitectura exclusivamente como una representación pictórica, una representación a menudo oscura y empapada de referencias esotéricas.
Una síntesis de los ideales de Boullée se puede encontrar en proyecto del cenotafio de Newton, una gran esfera vacía que recuerda la inmensidad del universo, evocando sensaciones cósmicas. La esfera se convierte en la imagen de la perfección: simple, simétrica y capaz de ofrecer sugerentes efectos de luz y sombra. Tras la Revolución francesa, sus proyectos pierden cualquier mínima referencia a la realidad: edificios públicos cada vez más grandes, arcos de triunfo, faros y tumbas con forma de pirámide caracterizan la última fase de la producción de Boullée.[5].
Las fantasías de Boullée estuvieron influidas por la obra de Jean-Jacques Rousseau, pero el factor que cambió el modo de pensar de la arquitectura fue la introducción, en Francia, del jardín romántico inglés.[6] A partir de 1770, esta tipología encontró una intensa fortuna en todo el país; el propio Boullée, que probablemente había experimentado con este tipo de proyectos ya en 1765, diseñó un jardín en Issy-les-Moulineaux. Junto a jardines más frívolos, de gusto anglosajón, se crearon muchos otros con objetivos más nobles, de carácter moral, como el de Ermenonville, obra de René-Louis de Girardin"), que fue frecuentado por el propio Rousseau. La conexión entre las ideas de Boullée y las de los teóricos del jardín paisajístico son numerosas: el gran teatro de la Place du Carrousel se presenta como una reinterpretación, a escala gigante, del Temple de l'Amour") de Versalles (1777-1778), mientras que el cenotafio de Newton parece vincularse a algunos gazebos y pabellones descritos por William Chambers "William Chambers (arquitecto)") en el volumen Dissertation on oriental garden.[7][8].
Varios arquitectos experimentaron la influencia de los teóricos de lo pintoresco y de Boullée; Antoine Vaudoyer") diseñará su Casa de un cosmopolita en 1785, un año después de la presentación del proyecto para el cenotafio de Newton; en ese mismo año, Pierre-François-Léonard Fontaine publicó el diseño de un faraónico monumento sepulcral para los soberanos de un gran imperio.[9].
Si las obras visionarias de Boullée no sobrepasaron el ámbito teórico, la verdadera pasión de Ledoux fue la de construir. Uno de los encargos de mayor importancia para el arquitecto fue la realización de cuarenta barreras para la muralla de París. Iniciadas en 1785 y terminadas en un breve lapso de tiempo, estas barreras constituyeron un ejemplo concreto de una nueva y potente arquitectura, caracterizada por el recurso a las formas geométricas elementales y por una decoración parsimoniosa, una concepción en cierto modo deudora del rígido clasicismo de Jacques Gondouin y de su École de Chirurgie (1769-1775).[10] La mayor parte de estas construcciones fueron demolidas a mediados del siglo ; de las cuatro barreras que se conservan, la Rotonde de la Villette se presenta como la más significativa, con un gran tambor "Tambor (arquitectura)") con un esplendor primordial que corona una compacta masa rectangular.
Uno de los proyectos más célebres de Ledoux es el proyecto de la Salina Real de Arc-et-Senans, cuyos edificios evocan vigor y potencia, al mismo tiempo que presentan un aspecto manifiestamente defensivo.[11] El proyecto de la ciudad ideal de Chaux representa la ampliación sobre bases utópicas de la Salina Real. Este complejo, realizado solo en parte, se mueve a través de un lenguaje profundamente simbólico: por ejemplo, la casa de los vigilantes del río, nunca construida, fue diseñada como un cilindro hueco en cuyo interior debía discurrir el curso de agua, mientras que el cementerio fue concebido como un gran complejo dominado, en el centro, por un cuerpo esférico, similar al cenotafio de Newton de Boullée.[12].
También Ledoux estaba fascinado por el simbolismo y, en particular, por la estrecha correlación entre la forma de un edificio y su función, convirtiéndose en el precursor de la que, en 1852, Léon Vaudoyer") definirá como «arquitectura parlante».[13] Con su estilo, claramente inspirado en el de Piranesi, Ledoux sugirió, de manera práctica, el recorrido hacia una arquitectura nueva y radical que Boullée solo había concebido como un ideal abstracto. Ledoux no alcanzó la solemnidad de Boullée, pero en sus obras trasluce un mayor compromiso social, que lo llevará a ser presentado a menudo como precursor del socialismo.[14] De hecho, aunque los proyectos de Ledoux están afectados por la filosofía de la época, ejemplifican también el ideal poético de una arquitectura al servicio de las reformas sociales.[15].
Mucho más controvertida fue la figura de Jean-Jacques Lequeu. Pese a la profunda influencia que ejercieron sobre él Ledoux y Boullée, su indudable capacidad fantástica lo llevó a rozar lo neurótico. Rompió todas las convenciones de la simetría y del gusto, diseñando enormes torres, una lechería con forma de vaca, casas que unían elementos góticos y clásicos...[16].