Córdoba
Las empresas artísticas se centraron desde el primer momento en torno a su capital Córdoba que fue dotada de una mezquita congregacional destinada a convertirse en el monumento más importante del occidente islámico. La obra fue iniciada por Abd al-Rahman I sobre el solar de la basílica visigoda de San Vicente que, durante la etapa precedente, habían compartido las dos comunidades: cristiana y musulmana. En el 784 este monarca decide hacer una mezquita de nueva planta de tipo basilical con once naves perpendiculares al muro de la qibla -siguiendo el modelo de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, uno de los lugares sagrados más importantes del mundo islámico-. Su rasgo más singular resuelve, al mismo tiempo, problemas técnicos y funcionales. Se trata de la organización de sus arquerías de doble arco superpuesto: un arco de herradura que actúa como de entibo al atirantar una estructura más esbelta formada por un arco de medio punto que soporta, a su vez, el muro que sostiene la techumbre. Tanto este sistema como la alternancia de dovelas, de ladrillo y piedra, cuenta con precedentes en el acueducto de los Milagros en Mérida "Mérida (España)").
Las sucesivas ampliaciones, llevadas a cabo hasta el siglo , fueron motivadas por el aumento de población y su necesidad de contar con un lugar adecuado para el culto. De forma que las obras de Abd al-Rahman II, en 833, consistieron en derribar el muro de la qibla prolongando la mezquita hacia el sur. En sentido contrario actuó Abd al-Rahman III, ampliando el patio hacia el norte y levantando un nuevo alminar que todavía permanece, aunque oculto, dentro de la gran torre campanario del siglo . Los esfuerzos anteriores culminan con la intervención de al-Hakam II, hacia 961, en la que amplió, nuevamente, la sala de oración hacia el sur introduciendo diferentes novedades. Establece un esquema en "T", semejante al de la Gran Mezquita de Kairuán, realzado por la utilización de cúpulas cuyos nervios no se cruzan en el centro, arcos lobulados, distintos tipos de arcos entrecruzados y superpuestos así como por capiteles y columnas realizados ex profeso por lo talleres califales. La fastuosa decoración de esta ampliación, especialmente en la zona del mihrab y la maqsura, recibió grandes influencias del arte bizantino al introducir la técnica del mosaico, y constituye la obra culmen del arte califal.
En los últimos decenios del siglo , Almanzor amplió todo el costado oriental de la gran mezquita que pasó a contar con diecinueve naves, aunque sin introducir novedades de interés.
En el año 936, el autoproclamado califa Abd al-Rahman III, siguiendo la tradición oriental, según la cual cada monarca construía como símbolo de prestigio su propia residencia palatina, decide fundar en 936 la ciudad aúlica de Medina Azahara (castellanización del árabe Madīnat al-Zahrā). Elige para ello, a pocos kilómetros de Córdoba, una suave pendiente del terreno en las faldas de Sierra Morena, lo que le permite organizar el recinto amurallado en tres terrazas. En ellas dispuso las residencias palatinas, salones de recepción como el denominado Salón Rico, baños, mezquita congregacional, casa de la moneda, talleres califales, jardines y parque zoológico. Estas obras fueron completadas por al-Hakam II, si bien su esplendor fue efímero acabando con la ciudad las primeras revueltas de 1010 que concluyeron con la caída del califato.
Durante la construcción de Medina Azahara se desarrollan especialmente la técnica del ataurique para la decoración parietal de los salones y estancias, así como se consolida el denominado capitel de avispero como símbolo de la arquitectura califal.
Según las fuentes clásicas, durante el período de esplendor del califato existieron hasta 4000 baños públicos o "hammam" en Córdoba. A pesar de que este número es cuestionado por los historiadores, debieron existir multitud de espacios destinados a los rituales religiosos de higiene. De todos ellos, solamente cuatro han llegado hasta nuestros días, algunos integrados en construcciones cristianas posteriores a la caída del califato. Los baños califales "Baños califales (Córdoba)"), construidos en el siglo durante el período de Al-Hakam II, constituyen el único vestigio que queda hoy en día del Alcázar Califal. También de origen califal, y reutilizados en época cristiana, son los Baños árabes de la Pescadería "Baños árabes de la Pescadería (Córdoba)") y los Baños árabes de San Pedro (estos últimos con la peculiaridad de ser los únicos que quedan de los que se construyeron fuera de la medina). Por último, y muy cerca de la Mezquita de Córdoba, encontramos los Baños árabes de Santa María "Baños árabes de Santa María (Córdoba)"), aunque muy reformados en la actualidad al haber sido convertidos en casa de vecinos durante los siglos posteriores.[1].
Existen también en Córdoba importantes vestigios de varias mezquitas de barrio, siendo el primero de ellos el alminar de la iglesia de San Juan de los Caballeros "Alminar de San Juan (Córdoba)"), que fue reutilizado como campanario de la citada iglesia tras la conquista cristiana de la ciudad. Es el alminar califal que más intacto ha llegado hasta nuestros días, dadas las escasas modificaciones que sufrió a lo largo de los siglos. Otro de los vestigios más importantes lo constituye la iglesia del convento de Santa Clara "Convento de Santa Clara (Córdoba)"), donde se aprecian todavía una cantidad relevante de restos la estructura de la mezquita sobre la que se asienta, como el muro de qibla, el patio de abluciones, el alminar en un alto grado de conservación y un arco de herradura cegado que se aprecia desde la calle Osio. También conservan sendos alminares reconvertidos en campanario las iglesias de San Lorenzo "Iglesia de San Lorenzo (Córdoba)") y Santiago, construidas sobre antiguas mezquitas de barrio, en los que aún se observan restos de arcos geminados de herradura de época califal.
Resto de la península ibérica
De las empresas artísticas acometidas en época emiral sobresalen las ejecutadas durante el reinado de Abderramán II cuya corte acogió a numerosos artistas, modas y costumbres orientales. Impulsó, entre otras construcciones, las obras de la alcazaba de Mérida y mejoró las murallas de Córdoba y Sevilla.
En el resto del territorio peninsular también es patente el florecimiento artístico impulsado el califato. Testimonio de ello es la ciudad de Toledo, en la que aún se vislumbran restos de su fortificación así como algunos de los vestigios que definen su alcazaba, medina, arrabales y entorno, como la Puerta Vieja de Bisagra o Puerta de Alfonso VI.
Entre sus construcciones destaca la pequeña mezquita del Cristo de la Luz o de Bab al-Mardum. Su planta cuadrada, organizada en nueve tramos cupulados, presenta una planta y alzado que conecta con el modelo tunecino de la mezquita aglabí de Bu Fatata.
Aparte del carácter excepcional de Toledo, también ocupan un lugar destacado obras como la rábita de Guardamar del Segura (Alicante), el Castillo de Gormaz (Soria) o la ciudad de Vascos (Toledo).
En el plano religioso, destaca la Mezquita de Almonaster la Real (Huelva), siendo esta la única mezquita andalusí que se ha conservado casi intacta en España en una zona rural. Fue construida durante el período califal, entre los siglos y , con material de acarreo procedente de una basílica visigoda anterior.