Abadía de Saint-Denis
Introducción
La basílica de Saint-Denis (en español, san Dionisio) es una iglesia del gótico primitivo o preclásico, célebre por ser la primera que se erigió en el estilo gótico, así como por ser el lugar de sepultura de la mayor parte de los reyes de Francia. Está situada en Saint-Denis, cerca de París. Tiene el estatuto de catedral (de la diócesis de Saint-Denis) desde 1966, aunque sigue funcionando como abadía, además del de basílica, dado que tiene oficialmente el título de basílica menor.[1].
Historia
Ya desde el Bajo Imperio existía un cementerio en Saint-Denis. En el siglo se erigió un mausoleo en el mismo lugar en el que se encuentra hoy el altar mayor. En el siglo , Santa Genoveva adquirió las tierras colindantes e hizo construir una iglesia, que fue ampliada dos veces durante la época merovingia, especialmente durante el reinado de Dagoberto I. Hacia el año 630 fue enterrado en ella San Dionisio (primer obispo de París) junto con dos de sus compañeros: el sacerdote Rusticus") y el diácono Eleutherus"). Hacia 750 se empezó a construir un nuevo santuario por orden de Pipino el Breve. Durante la época carolingia se construyó una iglesia en forma de basílica, con tres naves y un transepto, la cual fue renovándose con el transcurso de los años hasta el siglo . Durante la primera mitad del siglo , el abad Suger, consejero de Luis VI el Gordo y de Luis el Joven, hizo derribar el deambulatorio carolingio y erigir la primera obra gótica. Las obras arquitectónicas fueron emprendidas entre 1140 y 1144.[2] Con Suger la abadía adquirió más importancia; en ella se guardaban las regalías y se convirtió en una necrópolis real y dinástica.
Desde la muerte de Hugo Capeto, la basílica contiene las tumbas de los reyes de Francia, excepto la de Felipe I, que fue enterrado en el monasterio de Saint-Benoît-sur-Loire.
El primero de los reyes capetos, Hugo Capeto, fue abad laico "Laico (Iglesia católica)") de Saint-Denis, quien se aprovechó del potencial de la abadía para reforzar su poder.
El 22 de agosto de 1291, una bula del papa Nicolás IV, firmada en Orvieto, ratificó la bula de Celestino III que otorgaba a los religiosos de Saint-Denis el privilegio de no estar sometidos a ninguna sanción canónica viniera de quien viniere (excepto las de sus abades), sin que la misma tuviera una licencia especial del soberano pontífice.
Los reyes de Francia acudían a la abadía de Saint-Denis a orar y tomar la oriflama antes de ir a la guerra o a las cruzadas.